En un día marcado por la solemnidad, el mundo se reunió en la Plaza de San Pedro para rendir homenaje al Papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio, quien deja un legado imborrable en la historia de la Iglesia Católica. Bajo un cielo despejado y rodeados de emoción y respeto, más de 250 mil fieles se congregaron junto con dignatarios y jefes de Estado de todo el globo.
La ceremonia inició a las 10:00 horas (hora local) y fue presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio. Tras la misa, el féretro del pontífice fue trasladado a la Basílica de Santa María la Mayor, donde, cumpliendo su deseo, fue inhumado en una tumba sencilla junto al ícono de la Virgen Salus Populi Romani, como lo estipulaba su testamento.
Este funeral marca el fin de un pontificado que será recordado por sus gestos de humildad, su enfoque hacia los marginados y su compromiso con los valores sociales y espirituales. La despedida congregó a una diversidad de voces y corazones que agradecieron la vida y obra de un líder espiritual único.








