Este jueves, un grupo de buscadores que ingresó al rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, calificó la visita al lugar como un “circo, burla, farsa”. Expresaron su desacuerdo con que se tratara la visita como un “tour”, en un sitio marcado por el sufrimiento y presuntos delitos graves.
Una comitiva considerable, formada por vehículos oficiales y privados, incluidos 12 autobuses, partió desde Guadalajara. Nueve de estos autobuses transportaron a periodistas, y dos más a integrantes de colectivos de búsqueda de personas, defensores de derechos humanos, académicos, asociaciones civiles y numerosos funcionarios públicos, tanto locales como federales.
La llegada al rancho fue desordenada, y el ambiente se volvió tenso cuando los buscadores y reporteros, frustrados por la lentitud del ingreso, forzaron la entrada. Esto se sumó al intenso calor de más de 30 grados. Los observadores del Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo (Cepad) señalaron que la falta de organización exacerbó la tensión.

Aunque al inicio parecía haber un control con cintas que marcaban el “sitio del crimen”, la presencia de muchos guardias y pocos peritos generó incomodidad entre los asistentes.
Las críticas no tardaron en llegar. Patricia Sotelo, del colectivo “Huellas de Amor”, comparó las visitas guiadas con un recorrido turístico, destacando que se les permitió observar solo superficialmente, sin acceso a una investigación más profunda. Esto fue respaldado por otras madres buscadoras, como María Dolores Michel Covarrubias, quien relató que se les dio solo 15 minutos, comparando la experiencia con un “tour de terror” donde no pudieron ver ni ingresar a los sitios relevantes.
El Colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, por su parte, mostró indignación por la falta de personal forense y calificó el evento como una farsa. Raúl Servín, miembro del colectivo, criticó a las autoridades por no proporcionar claridad en las investigaciones de las desapariciones. Aseguró que las autoridades han retrasado intencionalmente las búsquedas y no han sido transparentes. Además, señaló tres áreas clave dentro del rancho que requerían más atención: la zona de las llantas, donde recibieron información sobre posibles cuerpos enterrados; el área del adoquín, donde también se esperaba encontrar evidencia relevante; y la bodega-almacén, donde se había hallado ropa y otros objetos personales en el segundo piso de la construcción.

Raúl Servín y su colectivo expresaron que la ausencia del fiscal Alejandro Gertz Manero era una “burla”, considerando que había prometido visitar el rancho, pero nunca llegó, como había insinuado esa misma mañana. También sugirieron ampliar la investigación a otros lugares, como el rancho de La Vega, señalado como un posible campo de reclutamiento forzado, donde se liberaron cerca de 60 personas el 29 de enero pasado.
Mientras tanto, el colectivo Luz de Esperanza denunció que sus representantes fueron abandonados en Teuchitlán después de hacer una parada para ir al baño. Al regresar, descubrieron que los camiones habían partido sin esperarlas. Fueron necesarias gestiones para que una patrulla las llevara de vuelta al rancho. Héctor Flores, secretario general de la organización, denunció este incidente como un abuso de autoridad y una falta de respeto hacia las familias de los desaparecidos, considerando el contexto de violencia en la región.
La jornada concluyó con un llamado urgente a las autoridades para que realicen una búsqueda más seria, profesional y comprometida con el esclarecimiento de las desapariciones. Los asistentes continúan exigiendo respuestas claras y concretas ante una situación cada vez más desesperante.
