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El hilo invisible entre el Virreinato y el corporativo moderno

Por José Antonio Chávez Lamadrid

El debate sobre la movilidad social y el acceso a puestos directivos en el México contemporáneo suele abordarse desde la narrativa meritocrática: la premisa de que el esfuerzo individual, la preparación técnica y la competencia profesional son los únicos dinamizadores del éxito.

Sin embargo, confrontar los datos estadísticos actuales con la arquitectura social del México colonial revela una verdad incómoda pero estructuralmente innegable: las reglas del juego corporativo actual siguen operando, no del todo, bajo el eco secular del Régimen de Castas.

La paradoja colonial no ha desaparecido; se ha sofisticado. En la Nueva España, del años 1521 a 1821, el estatus y el poder político estaban reservados a una minoría en función de un documento que acreditaba el origen étnico.

El color de la piel clara y el linaje europeo funcionaban como un blindaje legal y un habilitador de privilegios, independientes de la capacidad económica o intelectual del individuo. Un peninsular (español:gachupin) empobrecido mantenía derechos jurídicos inalcanzables para un mestizo próspero.

La sangre determinaba el techo del individuo. Hoy, la rigidez legal del Virreinato ha sido sustituida por un sesgo sistémico de carácter sociocultural que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI 1) ha logrado mapear con claridad radical a través de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS).

Los datos duros (presentados en Marzo 2025) demuestran que la pirámide organizacional de las empresas en México guarda una correlación directa con la paleta cromática de la escala PERLA (2).

Quienes se ubican en las tonalidades de piel más claras (del bloque H al K) tienen una probabilidad sustancialmente mayor —superior al 55%— de acceder a educación superior y, consecuentemente, de monopolizar los puestos de alta dirección, toma de decisiones y empleabilidad de alta calificación.

Por el contrario, el grueso de las posiciones operativas y de servicios no calificados sigue concentrándose de manera desproporcionada en la población con tonalidades de piel más oscuras, la cual enfrenta un estancamiento intergeneracional crónico.

El “piso de origen” ejerce una gravedad estadística de la que es sumamente difícil escapar. La confrontación de ambas realidades nos obliga a retirar el velo del discurso corporativo de la “diversidad e inclusión”.

En la práctica, los criterios de reclutamiento y ascenso para las posiciones directivas en México suelen camuflar el sesgo de la pigmentocracia bajo eufemismos de elegancia corporativa como el “fit cultural”, la “presencia ejecutiva” o las redes de relaciones socio digitales.

El Régimen de castas no se abolió en la psique económica de la nación. Negar la influencia del color de piel en el éxito profesional no es un acto de optimismo; es un diagnóstico histórico ciego que perpetúa el centralismo y la exclusión que arrastramos desde hace exactamente cinco siglos.

Sin embargo, es de saberse que la Ley y el conocimiento sobre la misma es la clave hacia la liberación de esta condición heredada. Por ello, la aproximación a la historia de México -herramienta de localización- y el compromiso individual -con la propia condición legal/social- representan el método de hackeo a una realidad que no espera a nadie, que se construye desde una complejidad, para ejercer con responsabilidad todos los días en busca de la Libertad personal.

1. Instituto Nacional de Estadística y Geografía

2. Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina