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¿Quién inventó a la Malinche?

Por José Antonio Chávez Lamadrid

Tremenda mujer vigorosa, independiente y hermosa. Como pocas se notan en esa época de la historia de México, seguro, una de pocas.

La trama se complica cuando por razón ninguna, ella encarna, se convierte en la misma traición pura. “El estigma es grande”.

Su verdadero poder radicaba en el lenguaje. Hablaba náhuatl (su lengua materna) y maya chontal (que aprendió al ser vendida como esclava en Tabasco).

La comunicación, evidentemente, es su cualidad superior. Esclava de segunda mano.

¿Quién ha oído hablar de Martín Cortés?; hijo de Malintzin y el mismo Hernán.

No debió haber sido fácil parir a un hijo de aquel señor. Las hojas están llenas de tinta en forma de letras pero la verdad es que esconden el verdadero mensaje. Ponerla a ella donde tiene siglos renegando de tantas acusaciones. Aunque, es de reconocer que, inocente tampoco era.

Pero dejemos a la mujer en paz, pasemos al personaje, a la historia que moldea narrativas, a la semilla genéticamente adulterada para sembrar frutos inorgánicos. Ideas plantadas en tierra de la Malintzin.

No hay nada desde La Colonia, hasta La Reforma del siglo XIX, pasando por La Revolución, que no se vea adulterado por elementos ajenos a la Tierra misma. Mire Usted, se lo pongo en cristiano, teníamos nuestras propias historias, ahora tenemos historias otras, distintas, conflictivas, de polarización, alarmantes.

Por eso, resulta interesante la propuesta, como ejercicio, repensar quién escribe la historia que hace tan popular a los héroes que nos dieron Patria. Quién controla su hablar controla su tiempo, y quien controla su tiempo es dueño de tu mente.

Contar la historia de esos tres momentos de la historia con elementos transversales, como semejante mujer de tan gruesa altura, por ello será necesario plantear cada oportunidad de manera que vaya formando una pieza del rompecabezas por sí sola, única, ajena a las demás, pero con una dimensión superior en la cual se conforma la realidad de un pueblo como México.

La Colonia impone identidad, pelear contra la identidad es absurdo, hueco y “point less”.

La Revolución justifica los medios, reconoce derechos humanos que lo único que les faltaba para existir era su legitimación.

El Renacimiento con sus efectos en La Reforma, la proclamación de la ocupación de la razón sobre la religión, argumentando diferencias irreconciliables y suficientes para pedir la disolución de cualquier vínculo que les hubiese unido.

Y otorgarle la oportunidad de competir por la Presidencia de la República.

Cada una con sus personajes, sus historias, sus contadores y sus homenajes.

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