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No crea usted nada

Por: José Antonio Chávez Lamadrid

Desde que alguna razón se presenta como propiedad-bandera de un grupo de personas que se identifican como tribu u operan como clan o familia, debe sospecharse lo peor.

Hoy para sostenerse con algún tipo de razón basta con parecer creíble, hablar con cierta convicción y argumentar de manera medianamente coherente. Aún cuando tenga sentido únicamente para unos cuantos que comparten valores similares sobre aquello que se explica.

Para decir que tenemos razón no es necesario un estudio profundo que nos permita dimensionar algo específico de la realidad. Sin embargo, es menester usar el pensamiento crítico y cuestionar los posicionamientos basados en ideas sin fundamento.

Esto es, las ocurrencias y elucubraciones de grupos humanos afines en creencias, actividades e intereses, deben ser sometidos a un análisis profundo. Para ello se propone, desde aquí, usar como medios de contraste la Libertad como concepto de La Ilustración, el pensamiento complejo y las herencias de La Reforma en México.

No es suficiente este espacio para realizar el contraste con estas tres propuestas; más queda escrito con ánimo de sostener que ningún razonamiento sirva para despreciar objeciones, que toda convivencia sea con respeto y que la fragmentación sea abolida por la concatenación armónica de los hechos, que se traten, como un todo armónico.

Esto es, no crea usted nada de lo que le dicen. A medida que el riesgo de menoscabo crezca, se invita a que el proceso de razonamiento sea más complejo, con detenimiento y sin postura distinta a la de encontrar las fisuras que harán caer la razón que una tribu, grupo o comunidad sostienen. Cuando las creencias de un grupo de personas pretendan ser impuestas, sobre otras personas, con adjetivos fundamentalistas, busque usted un espacio donde retirarse de esa tribu y proteja lo que ama.

En tiempos actuales es posible observar cómo la esferas de poder aferradas a las costumbres milenarias buscan resurgir desde las cenizas que dejó el fuego propiciado por la Ilustración y la Revolución Francesa. Creer no es suficiente para vivir, para sobrevivir y mucho menos para gobernar.

En México, tenemos útiles de defensa personales como las garantías individuales consagradas en la carta fundamental del Estado de derecho. Los primeros 29 artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos son herramientas jurídicas, hermanas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; deben tenerse a la mano en momentos que la democracia se cimbra. Nada sobre la Ley y todo con respeto a los derechos de cualquier persona.

El juicio de amparo es la llave maestra para la defensa de nuestra integridad frente a autoridades renuentes, parciales, incapaces y sectarias. La Suprema Corte de Justicia de la Nación es el órgano que ejecuta los derechos fundamentales de la persona frente a violaciones de entes del gobierno en turno.