Esta semana marca el Miércoles de Ceniza, una de las fechas más significativas para los católicos y numerosos cristianos, pues abre el periodo de Cuaresma, tiempo de introspección, arrepentimiento y preparación espiritual antes de la Pascua.
Durante este día, los fieles acuden a templos y capillas para recibir ceniza en la frente, en forma de cruz, mientras el sacerdote pronuncia las frases: “Polvo eres y en polvo te convertirás” o “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”. Este gesto recuerda la fragilidad de la vida y la necesidad de enfocarse en lo espiritual.
El ayuno y la abstinencia forman parte de las normas de este día: los católicos entre 18 y 59 años deben limitar su alimentación a una comida principal y dos porciones ligeras. Otras denominaciones cristianas, como luteranos y episcopales, también realizan ceremonias similares.
En Estados Unidos, se ha popularizado la iniciativa “Ceniza para llevar”, donde sacerdotes y pastores imponen ceniza en estacionamientos, estaciones o aeropuertos para quienes no pueden acudir a misa.
El Miércoles de Ceniza da inicio a 40 días de penitencia, en alusión al ayuno de Jesús en el desierto. Durante este periodo, los creyentes practican oración, caridad y renuncia voluntaria a placeres o hábitos —desde alimentos hasta el uso excesivo de pantallas— como forma de disciplina espiritual.
Los viernes de Cuaresma, los católicos se abstienen de carne, aunque el pescado sí está permitido. En muchas comunidades, las frituras de pescado se han convertido en una tradición que combina convivencia y recaudación de fondos.
La fecha del Miércoles de Ceniza varía cada año, pues depende del cálculo de la Pascua, que este 2026 caerá el 5 de abril. En las Iglesias ortodoxas orientales, la llamada Gran Cuaresma inicia el 23 de febrero, conocida como “Lunes Limpio”, y culmina antes de su Pascua, celebrada el 12 de abril, siguiendo un calendario distinto al occidental.





