El peso mexicano inició la jornada del lunes 9 de marzo de 2026 con una ligera depreciación frente al dólar, en medio de un entorno internacional marcado por presiones inflacionarias en México y un aumento de la tensión geopolítica en Medio Oriente.
De acuerdo con datos de Dow Jones, el dólar estadounidense se cotizaba en promedio en 17.79 pesos al arranque de la sesión, apenas por debajo de los 17.80 pesos registrados al cierre anterior, dentro de un contexto de volatilidad superior al promedio anual en el mercado cambiario.
En la actualización más reciente, la divisa estadounidense acumulaba una ganancia de 0.49% frente al peso. A pesar de este avance reciente, en términos anuales el dólar todavía mantiene una caída de 14.64% frente a la moneda mexicana.
Un análisis de Grupo Financiero Monex indica que el peso se ubicó en el lugar 16 entre las monedas emergentes con mayores pérdidas frente al dólar al inicio de la semana. Este comportamiento refleja una tendencia global de menor apetito por activos de economías en desarrollo, ya que solo siete de las 23 principales monedas emergentes han logrado apreciarse frente al dólar durante los primeros meses de 2026.
En el plano interno, el mercado también reaccionó al repunte de la inflación en México, que durante febrero alcanzó una tasa anual de 4.02%, por encima del pronóstico de 3.94% y del registro previo de 3.79%. Con este resultado, el indicador rompió una racha de siete meses dentro del rango objetivo establecido por el Banco de México, que busca mantener la inflación cerca del 3% con un margen de ±1%.
Mientras la inflación subyacente se moderó a 4.50%, el componente no subyacente —impulsado principalmente por el encarecimiento de productos agropecuarios— alcanzó su nivel más alto en ocho meses.
En los mercados internacionales, el inicio de la semana estuvo marcado por caídas en las bolsas globales, un alza de 12% en el petróleo Brent y descensos en los bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Los analistas atribuyen este escenario a factores económicos y políticos, entre ellos la escalada militar en Medio Oriente, los recortes de producción de petróleo impulsados por Arabia Saudita y la posibilidad de que el G7 recurra a sus reservas estratégicas de crudo para estabilizar los precios. Esta combinación de factores ha impulsado al dólar a niveles no vistos desde enero, presionando a las monedas emergentes.






